Supuse que ese iba a ser el final.

Allí estaba yo, bloqueada sin saber que hacer ante todo lo que se me presentaba, tu mirada suplicándome que dijera algo, tus palabras eran torpes y mi respiración casi no era suficiente, no me lo podía creer y en parte tú tampoco. Los dos estábamos confusos, cada uno a su manera pero igualados, el mundo me daba vueltas y sentía que tenía el peso de todo sobre mis hombros, en ese momento perdí gran parte de mi corazón y de todo lo que pude haber dado por seguro, no había palabras que pudiesen describir aquella sensación de vacío y todo provocado por ti. Por todo lo que mis oídos acababan de oír, ese dolor, esa sensación de que era imposible que la distancia nos separase y menos ahora. Por fin, por fin habíamos conseguido ser felices sin hacernos daño, por fin, y ahora la distancia, no. No podía con aquello. El motivo por el que fuese no se si sería el karma, el destino o lo que fuese, desde luego no quería mi felicidad, porque mi felicidad dependía de él, de su sonrisa, de sus abrazos, de sus besos, de mis manos en su pelo, de su olor, del color de sus ojos, de sus 'pequeña', de su todo y ahora se iba, se iba lejos, se iba a donde no le podría abrazar, donde lo único que podría hacer era llamarle y oír su voz, no podría, no sería capaz. Y desde luego no podía permitirlo, después de mi derrumbe, me volví loca, busqué mil soluciones y desde luego no había casi ninguna, y supuse que ese iba a ser el final.

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