El único lugar al que yo pertenecía era entre sus brazos.
Desde que no estás todo es más extremo, no hay punto medio para mí, tú eras mi estabilidad y ahora que te has ido ya no hay nada que mantenga todo esto en orden. El frío se siente atroz a través de mi piel y la tristeza invade mi pecho por completo haciéndome sentir vacía. A la vez en los días de calor, noto como este me abrasa y me quema combinándose con el dolor asfixiante que retumba en mi cabeza.
Ya no hay más amaneceres entre sábanas llenas de amor, no más canciones a la media noche susurradas bajitas y en el oído, no más besos en la mejilla ni más mordiscos en el cuello. Se acabó sentir mi piel erizarse bajo tu tacto o el recorrido de tus dedos. Todo se acabó y yo no lo asumo. Es demasiado para mí. Sería más fácil si no hubiésemos pasado por todo lo que pasamos, si simplemente hubieses sido un chico más. Pero tú fuiste(y eres) especial. Eres mi único. Sé que con el tiempo cambiará pero por ahora mi corazón parece no sentir nada más allá del verde de tus ojos y de la última mirada que compartimos, una mirada de esas que se anudan más que encontrarse. Una mirada eterna.

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