el sonido de mi voz contra tu voz
 brindo por el amor sin alcohol
 brindo por los dos. 

Fantasmales caricias por mi piel, y tú, todo vaqueros desgastados y canciones a medio terminar, me pides una canción más, que nunca hace daño a nadie. Bailamos, y quizás nos hemos pasado de la última, seguimos hasta el amanecer y hacemos el amor o él nos hace a nosotros, y somos de nuevo, y te dejas llevar, no sabes si es el alcohol o si la luna nos ha conquistado. Y me ofreces un viaje hasta ti, y yo lo cojo, como única pasajera, directa a tu corazón donde escondes los recuerdos, donde escondes a los monstruos. Me veo allí, entre tus latidos, y te veo, te veo tan quieto, tan parado, tan mío que te juro que pierdo el norte, el sur y todo eso en lo que no creíamos. Pero, tanto tú como yo lo sabemos, el alcohol, la noche y que es nuestro día te ha reventado los muros para que mañana vuelvan a estar ahí, más fuerte y apartándome. Pero no me importa, no cuando te tengo aquí conmigo, mirándome como si fuese arte, como si pudieses hacer más por mí, como si no supieses que los corazones rotos duelen y cuando se juntan aún más, como si no importase. Me lo creo, te creo, nos creo y nos hacemos de nuevo, cierro los ojos y me agarro a ti, a tus brazos, a tus piernas, a tus dedos, a tu pelo, a tu sentimiento de héroe, de poeta parisino, y me creo que me quieres, que me echas de menos y que por eso estoy aquí. Aunque sepamos que es mentira y que amanece en unas horas.

Comentarios

Entradas populares