Empezar con una sonrisa.
Como en los cuentos, con un perdóname y un perdonada, un abrazo y amigos otra vez, sin importar que nos hayamos enfadado miles de veces, sin importar lo anterior y quedarnos con lo bueno, con lo importante, por qué de eso se trataba o eso se supone que dijimos un día. Eso fue. Quizá puede que con el tiempo hayamos cambiado y haya más cosas de por medio de las que creemos, que quizás no solo sea lo último, sino que sea un cúmulo de cosas, de esas que se amontonan y acaban estallando y haciendo daño. O puede que simplemente no tengamos la necesidad de antes de contárnoslo todo, de tener paranoias juntas, y de hablar mil horas por teléfono, que ahora solo necesitemos tres palabras por día y un beso de hasta mañana por obligación, que a lo mejor hay gente nueva y gente que ha tomado importancia de repente que nos han sustituido, que han sustituido nuestras tardes, puede que sea eso o dios sabe qué. Pero lo que sí es un hecho es que ya nada volverá ser como antes por mucho empeño que pongamos en ello. Puede que ya no merezca la pena estar como antes y que a lo mejor esto es lo mejor que podía pasar porque a la vuelta de la esquina hay nuevas oportunidades, pero de momento tengo la certeza de que ambas lo hemos pasado mal, pero que seguro que algún día pararemos a hablar y aclaremos esto, a lo mejor incluso nos riamos de todo esto, pero claro esto que para eso todavía queda tiempo, mucho tiempo o por lo menos eso es lo que me parece a mí. Y está claro que lo que tuvimos fue de verdad, que nos quisimos como dos hermanas y que reímos como si no existieran los problemas y la vida fuese un chiste diario, que lo supimos todo la una de la otra y que aguantamos más de lo que muchos dijeron y de lo que nosotras creímos cuando teníamos ocho años, y que bueno solo queda echar la vista atrás con una sonrisa en la cara, y seguir hacia delante, donde la vida nos dará más cosas de las que esperamos y de las que podríamos imaginar.

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