Y el ruido de nuestros corazones al quebrarse nos dejaba sordos, de amor.
La noche pasó rápida, mis ojos contenían lágrimas y mis labios murmuraban porqués. Tus caricias habían cesado. Mis ojos no veían más allá de los tuyos y las cuatro paredes de esta habitación donde el aire me falta y el peso del mundo y la realidad me ahoga. Nos creímos eternos, infinitos cuando no éramos más que dos tontos enamorados. Creímos en el amor y en que podía con todo, y no, no es así. La distancia nos pudo. Ha ganado. La promesa se rompía, y con ella, yo. Mis pedazos te echan de menos y gritan callados tu nombre. Mi piel buscaba desesperada tu calor. Las luces de la ciudad me guiaban a ti. Y allí te imaginaba, esperándome, los hoyuelos en tus mejillas y tus labios esbozando una sonrisa, tan mío como prometiste.

Comentarios
Publicar un comentario