Vingt-six.
''Quédate, quédate conmigo.'' Tus palabras sonaban rotas mientras el océano nos contemplaba dejar el tiempo pasar. Acepté con un gesto de cabeza que ni si quiera sé como fui capaz de hacerlo. Ese día intercambiamos los papeles, eras tú el que estaba roto, era yo la que tenía que quedarse y hacerte compañía. El mar parecía tranquilo lo contrario que nuestros corazones, rotos y furiosos, o quizás solo decepcionados. El mundo no sé dónde se había metido en aquel momento pero no parecía haber más que nosotros dos y el agua yendo y viniendo. Me acurruqué en tu pecho y dejé que mis manos te recorriesen de arriba a abajo dibujando patrones sin sentido. Tu mirada parecía apagada pero no dejabas de contemplarme, me tenías como una reliquia en tus brazos. No sé como llegamos a esa situación, ¿cómo habíamos permitido que eso pasase? Nosotros, que no creíamos en para siempre pero luchábamos por uno, nosotros que éramos atípicos, de esos que se quieren con acciones y no palabras, de esos que apenas quedan. ¿Qué nos pasó para acabar con dos corazones rotos? Aún sigo preguntándomelo mientras observo como el mar viene y va igual que tus manos por mi pelo, supongo que estando entre tus brazos la sensación de vacío y roto desaparecía y volvíamos a ser invencibles como héroes de guerra. Quizás, si olvidábamos que estábamos roto, dejaríamos de estarlo ¿no?

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