Dieciocho del diez del catorce.

Me dijo que los días grises le recordaban a mí. 
Tristes, sin dueños y buscando corazones que desordenar
. Y eso, era yo para él. Caos, desorden, tristeza. 
Pero me quería o eso se le escapó entre calada y 
calada del cigarro de la suerte. 
Le gustaba besarme el hueco de las costillas de mi lado izquierdo, 
por eso de no hacer nunca las cosas a derechas. 
Besaba mi pecho y se paraba justo encima de mi corazón, 
le susurraba siempre las mismas palabras 
''Ten cuidado con lo que haces.'' 
y yo nunca entendí que era amenaza y no consejo. 
Amenaza para cuando se fuese, porque él lo supo 
desde el principio, supo que no teníamos tiempo. 
Lo sabía todo y por eso siempre me tuvo,
en sus brazos
 porque sabía que yo andaba buscando corazones 
y el suyo inquilino. 
Sabía que yo acabaría escribiéndole, 
que le haría inmortal entre renglones, 
igual que él hacía conmigo en su cuaderno. 
Porque, ahora, esté donde esté, 
mirará al cielo y sabrá que le pienso, 
que mi corazón no entendió bien su amenaza.

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