So close but so far away.

Mis ojos volvían a perderse en los tuyos, tan como siempre, el verde me atrapaba de nuevo y sabía que no sería yo quien apartase la mirada. No sé cuanto tiempo duró, horas, segundos o minutos, me da igual. Sin darme cuenta acabé a tu lado, mi lugar preferido, tus manos sucumbieron a la atracción de nuestros cuerpos y terminaron posadas en mi cintura. La distancia se acortó en cuestión de dos suspiros, uno por tu parte, otro por la mía. Apartaste mi pelo de mi cara y suavemente lo colocaste detrás de mi oreja haciéndome sonrojar. Contacto de nuevo y nos elevábamos. Rozábamos límites muy por encima de lo que podría ser lo común. Nunca fuimos típicos, salíamos de la media, éramos distintos. Especiales. Y me gustaba serlo, siempre y cuando fuese junto a ti. El mejor mes de mi vida, nuestro primer mes, no digo que los siguientes once meses no fuesen increíbles, pero si he de quedarme con uno, me quedo con el primero. Fue nuestro mejor mes, estoy segura. Llegaste tan de repente a mi vida, yo nunca tuve en mis planes volverme loca por ti y destrozarme las rodillas con todas las veces que me has tirado. Pero sabes qué, que yo por ti me levantaría miles de veces, las que hiciesen falta, yo por ti movería montañas a pesar de que lo único que nos separa son escasos metros con un gran cristal de miedo de por medio. Si por mí fuese lo rompería y correría a tus brazos, en los que tan bien me sentía, pero ambos sabemos que no es tan fácil, que hay más de por medio de lo que creemos y sé que te pierdo, te pierdo inevitablemente pero ¿qué puedo hacer? el miedo me bloquea, nos bloquea y hace que perdamos más tiempo del que sumamos a nuestras espaldas y duele mucho, muchísimo porque las peores formas de querer es en la que se nota lejos estando cerca. Admitamos que eso es lo que nos pasa, tenemos miedo a perder pero no sabemos el qué, ganaríamos tanto juntos, sería todo precioso, no perfecto, pero seguro que seríamos más felices que ahora, donde lo único que hacemos es echarnos de menos y fingir sonrisas que más bien parecen muecas.
Quizá nuestro destino sea ese, querernos, enamorarnos pero mantener las distancias. A mí me da igual, yo lo único que quiero es que esto cambien y que por fin podamos mantener la máxima distancia en milímetros y no en barreras del corazón.

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