Mirada infinita y sonrisa perdida.

Noches perdidas recorriendo cada uno de los lunares de tu espalda, espalda de ángel. Amaneceres enredados entre sábanas blancas y besos robados. Mordiscos y piel de gallina, pelos que se erizan y sonrisas radiantes. Sentimientos a flor de piel y ojos ansiosos por saber más del otro. Hacernos uno y disfrutar del roce. Mañanas que llegan y despedidas incómodas, cuenta atrás para volver a estar entre tus brazos, brazos fuertes que me sostienen cuando el mundo me aprisiona. Tardes de reencuentros con tus ojos y el lunar de tu cuello. Besos lentos y suaves que me recorren de arriba a abajo. Palabras desordenadas que no saben qué hacer o hacia donde van. Manos que recorren mi cuerpo de arriba a abajo bajo el abrigo de la noche. Susurraste en mi oído con las luces apagadas se siente más, por eso lloramos con los ojos cerrados. Por eso yo te quiero más cuando no te veo, cuando estoy solo en mi habitación contando los minutos para verte, por eso las noches son más bonitas junto a ti porque compartimos la oscuridad, oscuridad que nos invade y calma el alma. Mi respiración se cortó al escucharte hablar y ver el destello de tus ojos, lo único que podía hacer era enmudecer, no más palabras, no más estupideces, solo tú, yo, la oscuridad y las estrellas que nos contemplaban celosas.


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