Never let me go.
Lo único claro que saco de todo esto de lo que nosotros dos formamos parte es que solo hay corazones rotos e ilusiones hechas pedazos junto al calor de tus brazos rodeándome. Lo único que tenemos ahora son lágrimas formando océanos de culpa por no haber sabido hacerlo, por no haber sabido querernos como debíamos. Un montón de mi ropa descansa en el suelo de tu habitación junto con la necesidad de tenernos una vez más entre las sábanas grises de tu cama. Mañanas perdidas recomponiendo mi corazón y tardes destruyéndolo contigo. Sueños destrozados, cabezas que no pueden dejar de dar vueltas y ojos vacíos. Daño, mucho más daño del que creímos poder controlar, y lo peor de todo es que lo haría de nuevo. Me tiraría al vacío por ti, lo reviviría tantas veces como fuese necesario, solo para mantenerte aquí conmigo. Volvería a construir castillos en el aire para romperlos al compás de las ilusiones crujiendo. Volvería a romper todos mis esquemas y mis reglas para ser una loca, una loca por ti. Lo haría todo, las veces que hiciese falta, prefiero que nos hagamos daños a no tenerte, a vivir en la oscuridad de no nadar en tus ojos verdes, al frío de mi cuerpo sin tus abrazos o tu suave toque, al silencio de nuestros corazones sonando descoordinados.
Te quiero aquí, conmigo, mátame, destrúyeme pero solo tú, solo tú eres capaz de llevarme a lo más hondo para después traerme de nuevo al cielo.
Quédate, quédate y no te vayas nunca.
Te quiero aquí, conmigo, mátame, destrúyeme pero solo tú, solo tú eres capaz de llevarme a lo más hondo para después traerme de nuevo al cielo.
Quédate, quédate y no te vayas nunca.

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